Bonadio, ¿santo o demonio?

La muerte del juez Claudio Bonadío reavivó las llamas del enfrentamiento más grande de los últimos años: la grieta que dividió al país entre kirchneristas y antikirchneristas, con batallones ciegos y sordos de ambos lados, agrediéndose sin ceder un milímetro y sin atender razones de ninguna clase.

En esa guerra, Bonadío fue protagonista total. Fue él quien dictó el primer procesamiento contra Cristina Fernández de Kirchner, cuando Cristina apenas había dejado la Presidencia.

Dicen los K que era parte de un macabro plan para destruirla, plan que, si existió alguna vez, está claro que no funcionó. Dicen los anti K que fue héroe de una lucha contra la impunidad, lucha que, si existió alguna vez, tampoco funcionó.

Es el milagro argentino donde todos pierden.

Bonadío fue para algunos un juez valiente, y para otros un soldado macrista que salió a ejecutar la cabeza del sector que había gobernado doce años el país.

Al cabo, los procesos no liquidaron a Cristina, sino que la mantuvieron en el medio del escenario político, hasta que sucedió lo impensable para muchos: volvió al poder, triunfal, como cerebro de la caída de sus vencedores.

Aquí está el gran tema. No debería importar la circunstancia política. No deberían ser los jueces actores que bailan al ritmo y al compás del poder político, porque así nunca habrá justicia.

Vamos mal si la discusión es saber si Bonadío era o no anti K: lo que hay que saber es si los imputados por corrupción robaron o no. Si las causas fueron reales o inventadas, si se investigaron los hechos o se fabricaron pruebas.

Las acusaciones contra CFK fueron muchas y serias: ‘dólar futuro’, que investigó la venta anticipada de la divisa estadounidense con precios por debajo del mercado durante su último año de mandato. El resultado fue que el Estado tuvo que cubrir luego una millonaria diferencia a los compradores. El juez la acusó de “perjuicio de la administración pública”, de fraude, a pesar de que ella ni siquiera estaba mencionada en la denuncia original que habían iniciado diputados opositores.

Era apenas el comienzo de los procesamientos de Bonadio contra Cristina. La hizo ir mil veces a Comodoro Py, sin advertir que ella convertía citaciones en oportunidades de hacer actos proselitistas.

La procesó en la causa denominada ‘Los Sauces’, que investigaba una presunta red de corrupción, la procesó en la investigación del fallecido fiscal Alberto Nisman, quien apareció muerto cuatro días después de haber acusado a la expresidenta de “traición a la patria”, la procesó por “asociación ilícita” a partir de los denominados ‘cuadernos’ de Oscar Centeno.

La cuestión se hizo personal, y Bonadio quería meter presa a Cristina, como lo quería buena parte del país. Pero murió sin concretar nada. Y ella ganó las elecciones y es vicepresidenta. Tenía protección con sus fueros de legisladora: ahora tiene más protección y un gobierno amigo, un gobierno que le debe el triunfo.

¿Qué pasará con las causas? ¿Los bolsos de López fueron producto de la imaginación? ¿Nadie robo nada? ¿Siempre la política anulará a la Justicia?

 

El Catucho.