Intensa búsqueda: intentan localizar algún policía que no venda droga en Catamarca

Fue un relajado fin de semana en que la mayoría de los funcionarios descansaba mientras media provincia quedaba bajo el agua (che, al menos háganse una foto donde haya problemas, aprendan de Lucía, el barro ensucia pero después sale fácil con agua), y el lunes volvió la actividad.

El debut semanal de las noticias fue con un nuevo anuncio de la Ciudad Judicial, una genial y novedosa idea que se le ocurrió a Eduardo Brizuela del Moral a comienzos de siglo, y desde entonces la anuncian todos los años, con la diferencia de que va cambiando el lugar. Primero iba a ser donde estaba la vieja cárcel, después vaya a saber dónde, y ahora tampoco se sabe pero se volvió a anunciar… capaz que de tantas vueltas la terminan dejando como está ahora.

El tema es que para firmar el contrato, acuerdo, convenio o lo que sea, se iban a juntar gente de la Corte de Justicia, del Gobierno y de la Municipalidad en el Centro de Innovación, ese lugar de desarrollo tecnológico que se transformó en una especie de residencia del actual intendente.

Y la idea era ésa, firmar los papeles, sacar la foto y a otra cosa. Un poquito de humo para repartir a comienzos de la semana, sin complicaciones.

Pero quiso el destino que la Caja de Crédito Municipal convocara a una conferencia de prensa en el mismo lugar, y como la firma del convenio se retrasó, la ceremonia íntima y discreta de firmar el acuerdo por la Ciudad Judicial de pronto se tenía que hacer y estaban los periodistas instalados. Nadie salía de una oficinita y los minutos pasaban a paso de tortuga, con toda la gente esperando que alguien haga algo.

Al final aparecieron los funcionarios. No podían hacer otra cosa porque los convenios estaban en la mesa. Jaqueado por los problemas de policías envueltos en casos de narcotráfico, dicen los que estaban ahí –nosotros no porque dormimos a esa hora- que cuando vio a los periodistas el gobernador Jalil se puso pálido, y empezó a reclamar por lo bajo que no dejaran que nadie hiciera preguntas.

Bueno, se firmaron los papeles en un incómodo e interminable silencio, y después se pasaron el micrófono con palabras de ocasión Gustavo Saadi, Vilma Molina y Raúl Jalil. Y ahí vino la mejor-peor parte, porque ya no había nada que firmar ni qué decir, y los periodistas se acercaron a la mesa para hacer preguntas.

Lo dejaron solo, parece, porque su gente de prensa no dio señales. Parece que Joao Andrada anda de vacaciones y sus discípulos viajaban a Santiago del Estero. Solito y solo quedó Raúl con la prensa, y estaba espantado.

¿Qué iba a decir si le preguntaban por los narcopolicías? ¿Qué podía responder si acá no iba a tener las comodidades de la entrevista que le dio sacando pecho a Clarín?

Jalil se puso como si todos los periodistas estuvieran infectados de coronavirus, y a paso raudo buscó una salida lateral para no responder nada. Todos se dieron cuenta del mal momento y Saadi, como buen dueño de casa, lo ayudó a salir del paso plantándose delante de todos los medios, frenándoles el paso como si fuera un custodio y avisando «Voy a hablar yo».

¡Qué manera de transpirar el pobre Raúl! Y eso que todavía estaba fresco el lunes a la mañana.

Pero no es para menos… ya nadie sabe qué decir, qué explicar, cómo salir de este escándalo. Día por medio caen policías con drogas, con antecedentes, con jefes detenidos, con el mismo juez Federal diciendo que esto no da para más.

Y en el medio, la guerra política que ya nadie logra frenar. ¿La policía de Corpacci era toda corrupta? ¿En Catamarca los narcos y las fuerzas de seguridad están todos en un mismo equipo? ¿La policía catamarqueña combate las drogas o las comercializa?

Nadie quiere hablar y la falta de definiciones es muy grave porque empieza a generar gritas entre corpacistas y jalilistas que –hasta ahora- conviven en el mismo gobierno.

¡El secretario de Seguridad de Corpacci es el fiscal de Estado de Jalil! ¿Estamos todos locos? Hay mucho miedo y mucha preocupación en el gobierno, y la bola de nieve sigue creciendo. Ya no se trata de cuántas cabezas cortar, sino de cuántas podrán salvarse.

¿Hay policías corruptos y nada más, o un verdadero narcoestado como el que viene denunciando la oposición? Un dolor de cabeza gigante para Jalil, que por suerte tendrá unos días en Dubai y Canadá para despejar su cabeza de este maremoto de drogas, denuncias y uniformados acusándose entre ellos.

El Catucho